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Autor Tema: Cuerpo, alma... y entendimiento?  (Leído 846 veces)
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caballeroblanco
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« en: 22 de Junio de 2016, 08:50:40 am »

Hace unos días leía en este mismo foro una discusión entre Agora y Fernando acerca de este tópico, y me pareció interesante retomar esto ya que este concepto lo usa la misión para justificar parte de su doctrina oculta.

Desde siempre en la misión se nos habla que el ser humano es trino, y que sus componentes esenciales son: cuerpo, alma y entendimiento. Según el catecismo de la Iglesia Católica, vemos lo siguiente tomado del capítulo “Corpore et anima unus” (Cuerpo y alma unidos), postulados del 362 al 368:

II “Corpore et anima unus”

362 La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual. El relato bíblico expresa esta realidad con un lenguaje simbólico cuando afirma que "Dios formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente" (Gn 2,7). Por tanto, el hombre en su totalidad es querido por Dios.

363 A menudo, el término alma designa en la Sagrada Escritura la vida humana (cf. Mt 16,25-26; Jn 15,13) o toda la persona humana (cf. Hch 2,41). Pero designa también lo que hay de más íntimo en el hombre (cf. Mt 26,38; Jn 12,27) y de más valor en él (cf. Mt 10,28; 2M 6,30), aquello por lo que es particularmente imagen de Dios: "alma" significa el principio espiritual en el hombre.

364 El cuerpo del hombre participa de la dignidad de la "imagen de Dios": es cuerpo humano precisamente porque está animado por el alma espiritual, y es toda la persona humana la que está destinada a ser, en el Cuerpo de Cristo, el templo del Espíritu (cf. 1 Co 6,19-20; 15,44-45):

    «Uno en cuerpo y alma, el hombre, por su misma condición corporal, reúne en sí los elementos del mundo material, de tal modo que, por medio de él, éstos alcanzan su cima y elevan la voz para la libre alabanza del Creador. Por consiguiente, no es lícito al hombre despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, tiene que considerar su cuerpo bueno y digno de honra, ya que ha sido creado por Dios y que ha de resucitar en el último día» (GS 14,1).

365 La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la "forma" del cuerpo (cf. Concilio de Vienne, año 1312, DS 902); es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza.

366 La Iglesia enseña que cada alma espiritual es directamente creada por Dios (cf. Pío XII, Enc. Humani generis, 1950: DS 3896; Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 8) —no es "producida" por los padres—, y que es inmortal (cf. Concilio de Letrán V, año 1513: DS 1440): no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y se unirá de nuevo al cuerpo en la resurrección final.

367 A veces se acostumbra a distinguir entre alma y espíritu. Así san Pablo ruega para que nuestro "ser entero, el espíritu [...], el alma y el cuerpo" sea conservado sin mancha hasta la venida del Señor (1 Ts 5,23). La Iglesia enseña que esta distinción no introduce una dualidad en el alma (Concilio de Constantinopla IV, año 870: DS 657). "Espíritu" significa que el hombre está ordenado desde su creación a su fin sobrenatural (Concilio Vaticano I: DS 3005; cf. GS 22,5), y que su alma es capaz de ser sobreelevada gratuitamente a la comunión con Dios (cf. Pío XII, Humani generis, año 1950: DS 3891).

368 La tradición espiritual de la Iglesia también presenta el corazón en su sentido bíblico de "lo más profundo del ser" "en sus corazones" (Jr 31,33), donde la persona se decide o no por Dios (cf. Dt 6,5; 29,3;Is 29,13; Ez 36,26; Mt 6,21; Lc 8,15; Rm 5,5).


Como vemos, la Iglesia JAMÁS habla acerca del entendimiento como una de las partes esenciales del ser humano. Se habla de cuerpo, alma y "espíritu", entendiendo estos últimos dos como parte de una sola cosa. El entendimiento se define como un don de Dios, que éste otorga a sus creaturas para que puedan comprender la profundidad de la verdad divina. No confundir con el raciocinio que es el que nos permite pensar y tener conocimiento del mundo que nos rodea.

El asunto del "ser trino" como lo define la Misión conlleva una desviación de la doctrina católica y se utiliza principalmente para justificar todo el asunto esotérico de los "seres en descenso" que supuestamente son Ángeles que pueden obtener un cuerpo para "completar su trinidad" y poder ser iguales a los hombres. Esto que parece muy sutil a muchos nos ha confundido para aceptar las doctrinas de Collado y sus huestes. Es por eso que tenemos que estar atentos y siempre informados, leyendo y criticando lo que nos llega porque es en los detalles donde nos agarran "de bajada".
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caballeroblanco
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« Respuesta #1 en: 22 de Junio de 2016, 10:09:26 am »

Mención aparte merece este párrafo del 364:

«Uno en cuerpo y alma, el hombre, por su misma condición corporal, reúne en sí los elementos del mundo material, de tal modo que, por medio de él, éstos alcanzan su cima y elevan la voz para la libre alabanza del Creador. Por consiguiente, no es lícito al hombre despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, tiene que considerar su cuerpo bueno y digno de honra, ya que ha sido creado por Dios y que ha de resucitar en el último día» (GS 14,1).

Este postulado es bien importante a la hora de hablar de algo que le encanta a la misión, el sacrificio. El sacrificio como la misión lo concibe, implica que nuestro cuerpo sirve para purificar los pecados y que por ello hay que "traerlo a raya" para matar las pasiones. Pero una cosa es eso y la otra, el exceso del maltrato y la humillación. Es decir, que el sacrificio debe regularse para no poner en riesgo al cuerpo ni la salud corporal puesto que de hacerlo estaríamos violando este postulado de la doctrina católica, el honrar al cuerpo. Privar al cuerpo de alimento con ayunos prolongados, de sueño, de mantenerlo en un estado alfa de conciencia sin darle una oportunidad de mantener un nivel de funcionamiento de alerta, de atenderlo cuando está enfermo (y seguro la misión dirá que "siempre" ha respetado eso pero hay muchísimas evidencias de descuido, de maltratos corporales, de negligencia médica y de quejas de los líderes sobre las personas que se atienden correctamente diciendo que son "débiles" y "quejumbrosos" y que se escudan para no trabajar), todo esto es no entender que la Iglesia pone un freno a estas prácticas porque le da su lugar adecuado al cuerpo como Templo del Espíritu Santo y por tanto, requiere el mismo cuidado y atención cuidadosa que el templo más sagrado que se nos ocurra.

Este postulado surge de las palabras de San Pablo a los Corintios: "¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?" (1 Cor, 3:16) y del mismo Jesús (Mt 12:7) "Mas si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes."

Por tanto, el sacrificio extremo, grupal, internamente confesional, obligatorio y desmedido del que hace uso la misión no conlleva una práctica ascética cercana a la propuesta por la Iglesia, y se acerca más a una práctica fariseica la cual se basa en hacer ver a los adeptos que tan sacrificados y santos son, cuando Jesús propone que todas las prácticas asceticas las realicemos en intimidad (Mt, 6:17) "Y cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no hacer ver a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.". Y no, intimidad no incluye reportar que ayunas en un chat de Whatsapp a cientos de personas aunque digas que es confidencial. Intimidad es tú y Dios. No tú y toda la "comunidad misión". Si ayunas o no, es problema tuyo y de Dios. Si tienes problemas con eso, se supone que para eso es tu "Padre Espiritual", para orientarte y guiarte, no para castigarte y obligarte. Por eso la supuesta "paternidad espiritual" de la misión dista mucho de ser lo que un correcto guía espiritual (por ejemplo, un sacerdote preparado en psicología, teología y filosofía y con la ayuda del secreto de confesión) puede dar.
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